Nadie ve tus precios sin tu aprobación.
Esta es la diferencia con una tienda minorista: el comprador completa el registro, queda pendiente, y entra al catálogo con precios recién cuando lo aprobás. En ese mismo paso le asignás su lista de precios y su vendedor — y toda la relación queda escrita en su ficha.
El formulario pregunta lo que vos necesitás saber.
Configurás preguntas propias en el registro — tipo de negocio, cantidad de locales, volumen estimado, zona — y cada solicitud llega con los datos para decidir si es un mayorista real. La aprobás o la rechazás caso por caso: nadie entra solo.
- Preguntas personalizadas de texto libre, selección única o múltiple, obligatorias u opcionales.
- Identificación fiscal por país — CUIT, CNPJ, RUT, RFC, NIT — y en Argentina el CUIT se valida contra AFIP y autocompleta la razón social.
- La solicitud queda pendiente hasta que alguien de tu equipo la revisa: sin aprobación no hay precios ni pedidos.
- Bloqueo con vuelta atrás: si cortás la relación, el cliente puede pedir la reactivación desde un enlace dedicado.
Todas sus condiciones, escritas en un solo lugar.
Lo que hoy vive en la memoria del dueño — «a este le cobro con la lista vieja», «aquel retira con su flete» — pasa a la ficha. Cada pedido, cada precio y cada aviso salen de lo que dice ahí, sin depender de que alguien se acuerde.
- Lista de precios asignada, descuento propio y compra mínima de ese cliente.
- Su vendedor de cabecera: el pedido, el reporte y los avisos ya saben a quién le corresponde.
- Pago, envío y facturación: el medio de pago acordado, el transporte y las condiciones de crédito que el cliente ve en su checkout.
- Dirección del punto de venta: la cargás en la ficha y el local aparece geolocalizado en el mapa público de puntos de venta.
- Clasificaciones y notas internas para ordenar la cartera por zona, rubro o lo que uses para segmentar.
Cada cliente entra y ve su precio. Solo el suyo.
Al aprobar al comprador elegís qué lista le corresponde — distribuidor, revendedor, cadena, comprador nuevo — y desde entonces todo su catálogo, su carrito y sus pedidos usan esos precios. El de al lado, con otra lista, ve otros números en la misma tienda.
- Tantas listas como tu estructura comercial pida, asignadas cliente por cliente desde la gestión de clientes.
- Niveles por volumen dentro de la lista: el precio baja solo cuando el cliente llega a la cantidad.
- El motor de descuentos juega encima: podés aplicar una promo solo a los clientes que tienen asignada cierta lista.
- Sin lista no hay números: quien no fue aprobado navega el catálogo como vidriera, sin un solo precio a la vista.
El listado te dice a quién llamar hoy.
Ventas → Clientes no es una agenda: es la cartera completa con filtros que responden preguntas comerciales. ¿Quién dejó un carrito sin cerrar? ¿A quién no está atendiendo nadie? ¿Quién dejó de comprar? Filtrás, ves el detalle y actuás.
- Filtro de carrito abandonado: ves qué dejó cada uno y le mandás por WhatsApp el link para retomarlo justo donde quedó.
- Filtros por vendedor y «sin vendedor», para repartir la cartera y detectar clientes huérfanos.
- Emails automáticos con tu marca en cada evento: bienvenida, registro pendiente, pedido recibido, editado o anulado.
- Exportación del listado con un botón, para campañas masivas en tu herramienta de email marketing.