Todos tus pedidos entren por donde entren.
Los que hace el cliente en la tienda, los que carga tu vendedor y los que entran por teléfono. Bajá y mirá uno completo: se edita, el total se recalcula solo, avanza a la etapa que vos definiste y el comprador se entera.
El listado con sus filtros: seguimiento, clasificación, vendedor y método de pago. El #25 está en NUEVO.
Se abre el pedido y se le agrega un producto — una llamada, un faltante, lo que sea.
El total se recalcula solo, con la lista y el descuento de ese cliente. Nadie saca la calculadora.
Se elige la etapa de las que definió el negocio, no de una lista enlatada.
Queda aplicada en el listado y el comprador recibe el aviso: el email sale solo, el WhatsApp es un clic.
Los filtros que un mayorista necesita, no los de una tienda de tres pedidos por día.
Cuando entran decenas de pedidos grandes por día, el problema no es verlos: es encontrar los seis que necesitan algo hoy. Los filtros se combinan entre sí y la búsqueda entra hasta las observaciones.
- Un filtro en la cabecera de cada columna: rango de fechas, seguimiento, clasificación del cliente, vendedor, método de pago y método de envío, todos combinables entre sí. "Pedidos de kioscos por transferencia de este mes" es un cruce, no un pedido de reporte.
- Búsqueda que llega al fondo: por número, por cliente, por monto y también por lo escrito en las observaciones del pedido.
- Lo filtrado se exporta: Excel del listado, y sobre el mismo rango, reporte de ventas producto por producto y reporte por categoría. Para la conciliación contable o para ver qué rubro traccionó.
- CSV para el ERP: el pedido sale en el formato que espera tu sistema de gestión, si necesitás cargarlo por fuera de la integración automática.
Las etapas son las de tu operación, no las de un manual.
Un fabricante no despacha como un importador, y un distribuidor con reparto propio tampoco. Las etapas las creás vos con el nombre que usa tu equipo, y cada una decide si el comprador se entera.
- Nombre y color propios: "Pedido listo sin abonar", "En reparto", "Esperando retiro". Los que tu equipo ya dice en voz alta.
- Un aviso por etapa, o ninguno: cada estado tiene su interruptor de aviso al comprador, con asunto y texto propios. El email sale solo; el mismo mensaje, ya escrito, se manda por WhatsApp con un botón. Las etapas internas clasifican sin avisar nada.
- El plazo lo decís vos, pedido por pedido: en vez de prometer un tiempo fijo desde el medio de envío, el aviso de cada etapa cuenta lo que pasa de verdad con ese pedido.
- El listado se filtra por etapa: ver todo lo que está trabado en una sola tarea es un clic, no una recorrida.
El pedido que entra por teléfono también es un pedido.
En mayorista buena parte de la venta sigue pasando por WhatsApp, por el teléfono y por la visita del vendedor. Esos pedidos se cargan en el panel y quedan iguales a los de la tienda: mismo listado, mismas etapas, mismo armado.
- Alta manual con las condiciones del cliente: elegís el comprador y el pedido ya sale con su lista de precios, su descuento y sus mínimos aplicados. Nadie calcula a mano.
- Importación por Excel: cuando el cliente manda su reposición en una planilla, entra como pedido en vez de retipearse.
- Repetir un pedido anterior: la reposición del mes que viene sale del pedido del mes pasado, pero con los precios de hoy: las líneas se copian a un pedido nuevo y se vuelven a valorizar contra el catálogo y la lista de ese cliente. Lo que ya no existe en el catálogo no se copia.
- Observaciones por línea: "envolver aparte", "priorizar este ítem". La instrucción viaja pegada al producto hasta el depósito.
- Dos cuadernos, no uno: las observaciones las ve el comprador y salen en sus emails; las notas internas quedan solo para tu equipo, para el acuerdo comercial que no se cuenta.
Un pedido se edita. Lo que no se pierde es quién lo editó.
En un pedido mayorista intervienen el vendedor, administración y el depósito, y los montos son grandes. Cada cambio queda registrado con su fecha, su hora y su responsable, y el comprador recibe el aviso cuando corresponde.
- Quién, qué y cuándo: ediciones de cantidades y precios, cambios de etapa, ajustes de condiciones. Todo con marca de tiempo.
- Sirve cuando hay un reclamo: qué precio se aplicó, qué condición se acordó y quién la cambió deja de ser una discusión de memoria.
- El vendedor también se entera: los cambios relevantes notifican al comprador y al vendedor asignado, sin que nadie reenvíe nada.
- Un pedido no se borra: si hay que darlo de baja se anula, y sigue existiendo en el historial de ventas. La trazabilidad no se pierde para limpiar una lista.
El pedido llega a tu sistema de gestión solo, y si falla te enterás.
Cada pedido se sincroniza con el ERP que ya usás para que el stock, los precios y la cuenta corriente queden reflejados sin doble carga. Y cada intento deja registro: si algo se cae, se ve y se reintenta.
- Integración nativa con los ERP de la región: Contabilium, Dragonfish, DUX, Ninox y varios más, cada uno con su forma de conectarse.
- Log por intento y reintento a mano: el pedido guarda qué se mandó, cuándo y con qué resultado. Un error de red no se convierte en un pedido perdido.
- Los datos fiscales viajan con el pedido: razón social, identificación tributaria, condición frente al impuesto y domicilio, capturados al confirmar. En Argentina el CUIT autocompleta contra el padrón, sin que subas ningún certificado.
- Remito, etiqueta y Excel del pedido: el detalle con cantidades, precios, descuentos por línea e impuestos discriminados sale imprimible con los datos fiscales del comprador, y se ordena y agrupa como lo pide tu depósito. Sirve de orden de compra o nota de venta, y el comprador lo tiene en su portal.
Cuando el pedido baja al depósito, empieza el armado.
El módulo de armado tiene su propia cola, su propio rol para el depósito y su propia forma de contar lo que falta. Es la parte del circuito que ningún ecommerce común resuelve.
Ver el armado de pedidos →

